12 de febrero de 2015

Beato Reginaldo de Orleans, 12 de febrero


Reginaldo fue el primero de los dominicos que pasó a mejor vida, después de santo Domingo, y a quien la Iglesia propuso a la veneración de los fieles. El beato vivió muy poco tiempo en religión. La tradición afirma que fue a él y no a santo Domingo a quien la Santísima Virgen se apareció y reveló su deseo de que los dominicos cambiasen la sobrepelliz de canónigos por el escapulario de lana blanca.


Reginaldo nació en 1183, en Saint-Gilles del Languedoc, no lejos de Arles. Fue, al parecer, un joven muy dotado, puesto que antes de ser nombrado deán del capítulo colegial de Saint-Aignan en Orléans, en 1212, había enseñado el derecho canónico en la Universidad de París, de 1206 a 1211. En 1218, fue a Roma con vistas a viajar luego a Tierra Santa. En la ciudad eterna se encontró con el cardenal Hugolino (futuro Gregorio IX) y por su medio entró en contacto con santo Domingo. Quedó extraordinariamente impresionado del mensaje de pobreza evangélica y de la fuerza apostólica de la obra de Domingo, tan acorde con las peticiones del concilio Lateranense IV (1215) y tan en desacuerdo con su vida fácil y su actividad administrativa. Pero en Roma cayó enfermo y estuvo en gran peligro de muerte. Fue visitado por santo Domingo que lo invitó a seguir a Jesús y a entrar en la Orden. Después, su milagrosa curación y la visión de la Virgen, «que le mostró el hábito completo de la Orden», vencieron toda resistencia y Reginaldo prometió abrazar la vida dominicana.

Llegó a tener tanta confianza en él Santo Domingo, que le nombró su vicario en Bolinia, cuando se ausentó a España. En el mismo año de 1218, Reginaldo fue a Bolonia y trasladó la comunidad a S. Nicolás de las Viñas y donde atrajo a la Orden numerosos profesores y estudiantes de la universidad. 

En 1219 el Fundador le da una nueva misión: consolidar la fundación del convento de París. También allí su presencia resultó definitiva para el incremento de las vocaciones. Pero pocas semanas después de su llegada muere hacia el 12 de febrero de 1220. La noticia dejó desolado a santo Domingo, pero fue de consuelo saber que Reginaldo murió repitiendo su alegría por haber abrazado la pobreza le los apóstoles. A quien le preguntó si le resultaba difícil a vida dominicana, respondió humildemente: «Creo que no tengo mérito alguno viviendo en esta Orden pues me he encontrado siempre estando en ella extraordinariamente a gusto». Reginaldo fue sepultado en París en el cementerio de los benedictinos de Notre-Dame-des Champs. Su culto inmemorial fue confirmado por Pío IX el 8 de julio de 1875.

Nuestra información sobre el Beato Reginaldo proviene de las crónicas primitivas de la Orden de Santo Domingo, como por ejemplo, la Vitae Fratrum de Gerardo de Frachet y el Liber Epilogorum de Bartolomé de Trento. Entre las obras modernas, citaremos las de E. C. Bayonne, T.A. Karr y A. Gardiel. Ver también Mortimer, Maitres Géneraux O.P., vol. I pp. 96-100 y 118-119, y Taurisano, Catalogus Hagiographicus O.P., p. 8