Santo Tomás de Aquino, 1225-1274, Doctor de la Iglesia , 28 de Enero


Nació Santo Tomás el año 1225 en el castillo de RoccaSecca, cerca de Aquino, en el reino de Nápoles. Su padre fue Landulfo, conde de Aquino, y su madre Teodora, hija de un conde oriundo de la Normandía. Peter Calo, su primer biógrafo, cuenta que un santo ermitaño predijo su carrera, diciéndole a Teodora, su madre, antes del nacimiento de Tomás: "Entrará en la Orden de los Frailes Predicadores, y su conocimiento y santidad serán tan grandes que en vida, no se encontrará nadie que le iguale". A la edad de cinco años entró Santo Tomás en el monasterio de Monte Casino, para recibir en él su primera educación para pasar después a la universidad de Nápoles. El contacto allí con fray Juan de San Giuliano fue causa de su vocación a la vida apostólica. A pesar de la violenta oposición de su familia, entró en un convento de Santo Domingo a los diecinueve años (1244), e hizo sus estudios en Colonia, bajo la dirección de San Alberto Magno (1248-1252).

A causa de su profunda humildad, parecía taciturno y aun tímido. Como hablaba muy poco, sus condiscípulos empezaron a llamarle el "Buey mudo". San Alberto, al tener noticia del nombre que le imponían, dijo: "¡Buey mudo!; pues tened en cuenta, que los mugidos de este Buey resonarán en todo el universo."

Cuando Alberto el Grande fue llamado a París, le acompañó Santo Tomás de Aquino. Aunque todavía carecía de la edad necesaria para ejercer el magisterio, con dispensa, fue encargado de explicar en la universidad de París la Sagrada Escritura y el Libro de las Sentencias.

En 1248, se encargó Santo Tomás de la cátedra que desempeñaba San Alberto el Grande en la Sorbona. Inútil es advertir que el discípulo continuó sus explicaciones con el mismo crédito, y quizá con más provecho que su maestro.

San Luis rey de Francia, conociendo el mérito de Santo Tomás, lo llamaba con frecuencia para tenerlo a su lado. Cuéntase que comiendo en una ocasión con el rey, Santo Tomás, después de un rato de profunda distracción, dio un golpe en la mesa y dijo: "esto es concluyente contra los maniqueos". Cuando advirtió su falta, lleno de rubor, pidió humildemente al rey que lo perdonara. San Luis por el contrario, estaba maravillado de lo que había visto. ¡Es tan poco frecuente ver en la mesa de los reyes hombres que se olviden de la propia persona, para pensar solo en el bien de la Iglesia y de la sociedad, que San Luis, excelente conocedor del corazón humano, no pudo menos de admirar y bendecir la involuntaria distracción de Santo Tomás! Aquella distracción le demostraba que el Santo iba al palacio por obedecer, y no por buscar mundanos honores. Aquella distracción le demostraba que en el alma grande de Tomás habitaba el Señor, y no se albergaban las miserias y ambiciones de los hombres. Aquella distracción, en fin, le demostraba que el corazón de Santo Tomás no podía saciarse con la humana gloria que circunda la mesa de los reyes...

Mientras escribía y dictaba el Tratado sobre la Penitencia, en diciembre de 1273 en el convento de Nápoles, vivió una profunda transformación. Ha tenido un éxtasis muy prolongado y aunque no está triste, ha derramado muchas lágrimas. Deja de escribir y dictar a sus ayudantes, diciéndoles que no puede continuar. En su habitación, la mesa de trabajo del santo está vacía: los códices, los papeles, las plumas, los tinteros están en un armario. Tomás está arrodillado en el suelo llorando. Fray Reginaldo de Piperno le pregunta: "Padre, ¿por qué has abandonado un trabajo tan grande (se refería a la SummaTheologica), comenzado para alabar a Dios e iluminar al mundo?" Tomás le contesta: "Reginaldo, no puedo más..." Día tras día, se repite la conversación. Una semana después, Tomás exclamó: "No puedo. Todo lo que he escrito me parece paja comparado a lo que he visto y me ha sido revelado". Fray Reginaldo y Fray Giacomo lo verán en éxtasis y elevado sobre el suelo en oración.
El Papa Gregorio X citó a Santo Tomás para que asistiese al concilio de Lyon, celebrado en 1274. Se hallaba entonces el Santo en Nápoles, a donde había sido enviado por el Capítulo General de su Orden, celebrado en Florencia en 1272. Apenas recibió el precepto del Papa, emprendió el camino de Lyon, pero cayó enfermo al atravesar la Campaña. Como en las cercanías no había ningún convento de dominicos, entró en la abadía de Fosanova, en la diócesis de Terracina, que pertenecía a los monjes del Cister. Su enfermedad se agravó, y murió en dicha abadía el día 7 de Marzo de 1274, a la edad de 48 años. El Papa Juan XXII, lo colocó en el número de los Santos en 1313. San Pío V lo declaró Doctor de la Iglesia en 1567